Cantinflas: Mario Moreno por Adolfo Pérez Agusti

Cantinflas: Mario Moreno por Adolfo Pérez Agusti

Titulo del libro : Cantinflas: Mario Moreno
Fecha de lanzamiento : December 10, 2018
Autor : Adolfo Pérez Agusti
Número de páginas : 144

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Adolfo Pérez Agusti con Cantinflas: Mario Moreno

En este libro he querido rendir un homenaje al cómico hispano Cantinflas, el más injustamente maltratado por los críticos, y demostrar que su capacidad de improvisación para hacernos reír era ilimitada. A pesar de que sus películas tenían un pésimo guión y una deficiente realización, su sola presencia bastaba para llenar la pantalla. Su único problema era que su jerga cómica era tan rápida, tan incongruente, que nos perdíamos la mayoría de sus chistes. En este libro, sin embargo, sus mejores diálogos están desmenuzados y son una muestra palpable de que fue uno de los grandes genios del cine cómico.Cantinflas marcó un estilo tremendamente personal y tan ampliamente imitado por otros cómicos que ha conseguido pasar a la historia del cine con honor y sus habilidades humorísticas resistir perfectamente el paso de los años. Su sola presencia en la pantalla bastaba para llenarla y para que la película cobrase interés, a pesar de que ni la dirección, ni los diálogos, estaban cuidados con esmero. Todo se confiaba a su buen hacer, a sus monólogos totalmente improvisados de los que siempre salía airoso y provocando la carcajada más espontánea. Era un extraordinario actor que daba la impresión de no actuar, de estar rodeado de amigos a los cuales quería hacer reír sin molestar a nadie.Durante su larga carrera cinematográfica tuvo que soportar a ciertos críticos que siempre se empeñaban en decir que ya estaba acabado, que su personaje se había adulterado y que se había aburguesado. Pero lo cierto es que independientemente del director, del argumento y de los escenarios elegidos, así como de los otros compañeros de reparto, las películas tenían un gran éxito comercial solamente por él, por Cantinflas, y eso es algo que ningún otro actor del mundo ha podido lograr.Despreciado en su día por los intelectuales y poco reconocido todavía por los críticos como uno de los mejores cómicos de la historia de cine, Cantinflas marcó una época y hasta su último filme cosechó grandes éxitos, algo que no le ocurrió ni siquiera a Charles Chaplin, el cual conoció el fracaso en vida en varias ocasiones, incluida su última película. Los que le conocieron personalmente dicen que era sencillo sin proponérselo. Con una actitud social, tanto en el comportamiento como en su indumentaria, alejada de cualquier artificio, era no obstante muy firme en cuanto a mantenerse en sus convicciones humanísticas.Aunque sumamente amable no era persona que se diera con rapidez a la gente, ya que se le consideraba serio, reservado y, por naturaleza, de pocas palabras, rayando en ocasiones en la desconfianza. Generoso en grado sumo, pero plenamente consciente de lo que entregaba y a quién lo entregaba, había conocido la pobreza en su niñez y en ocasiones sintió muy de cerca el hambre. Por eso, cuando estuvo en la cima del éxito nunca dejó de ser humilde, quizás porque ello le engrandecía aún más.El triunfo no le envileció, ni la gloria le cambió su espíritu, demostrándose con ello que era un artista superior a la mayoría y un ser humano inigualable. Cuando le preguntaban si se consideraba un hombre feliz, siempre respondía que sí, a pesar de sus defectos y a pesar de que pueda tener alguna pena. Decía que se sentía dichoso de realizar su vida y su destino plenamente, en la medida de sus fuerzas.El público se sintió inmediatamente identificado con su filosofía, con su esfuerzo por aprender siempre, con su afán por mejorar día tras día.Y aunque era de naturaleza optimista le hacían fuerte mella los fracasos, las zancadillas y los rencores de las personas, lo mismo que le dolían los malos gobernantes o aquellas personas que se enriquecían a base de engañar o robar a los más débiles o ignorantes. Su malicia la caracterizaba de mil maneras para que no fuese una ofensa directa a nadie, pero suficientemente explícita para que todos los culpables se dieran por aludidos, tal era su habilidad para decir lo que quería...sin decirlo.